Al poco de confesarse su amor mutuo, Val y Aleta son separados por el pérfido Donardo, emperador de Saramanda. Encerrada como una más de los miembros de su harén particular, Aleta
observa los preparativos de Val para el asedio de la ciudad, que
termina con la victoria del príncipe Valiente y los suyos. Tras una
sencilla ceremonia en el bosque, Val y Aleta son ya marido y mujer, y sus pasos se encaminan hacia Camelot. En el camino, Aleta conoce a una atractiva y fornida mujer, Katwin, a la que convertirá en su doncella. La corte del Rey Arturo
anda de nuevo agitada: los sajones han tomado posesión de la costa este
y amenazan el país. La batalla es ardua pero las huestes sajonas son
expulsadas, y Val, Aleta y Katwin
parten hacia el reino de Thule. Los días de paz y alegría finalizan
ante la inminente celebración del Consejo de los Jefes de primavera, al
que acuden Gunguir y Ulfrun, su hijo, considerado por los vikingos como un héroe. La belleza de Aleta impacta en Ulfrun hasta el punto de raptarla y llevársela en su barco. Val,
enloquecido por la desesperación y sabedor de que Aleta está
embarazada, inicia una larga y tediosa persecución por mar, que
finaliza en las costas de un mundo nuevo, hasta entonces jamás hollado
por extranjero alguno.